''Qué importa ser poeta o ser basura''
Decía Extremoduro.
Yo elegí basura.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Delirios del cuarto vagón.

Tenía una extraña afición por ver pasar la vida. Como los pasajes de montañas, llanuras y ciudades que va dejando atrás mientras el tren sigue su camino, mientras la única salida posible de la realidad es esa ventanilla del cuarto vagón.
A veces solía creer que dejando todo atrás quizás las cosas serían mejor. Quizá en algún punto lejano, fuera de todo lo conocido, estuviese escondida su tan preciada felicidad. Pero luego ocurría eso de que, una vez dejaba atrás los abruptos bosques y los cielos nublados, y llegaba a las interminables llanuras doradas, extrañaba todo aquello de lo que se había alejado.
Pero ya era tarde para volver atrás. El tren continuaba su rumbo y el billete solo era de ida. Solo le quedaba volver la cabeza atrás para contemplar, con amargura, el último resquicio de su antigua vida, la que había abandonado.
Ahora ya lo había perdido todo. Había echado las cartas sobre la mesa y tenía que jugarlas. El paisaje arbolado había desaparecido del todo y solo le quedaba una única opción:
Fijar la vista al frente y seguir adelante.

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